Ya viene el 10 de mayo, ¿por qué no le regalas a mamá un meteorito?

Con estimaciones de lotes que oscilan entre los 1,000 y los 120,000 dólares, hay algunos de la Luna y otros de Marte.

¿Por qué no regalarle a mamá un meteorito?

Ayer comenzó la subasta anual online “Impacto Profundo: Marcianos, Lunares y Otros Meteoritos Raros” de la casa de subastas Christie’s, en Nueva York, la cual incluye especímenes extraterrestres tan variados como únicos. Concluye el próximo 10 de mayo.

Con estimaciones de lotes que oscilan entre los 1,000 y los 120,000 dólares, hay meteoritos grandes y pequeños, algunos son de la Luna y otro par de Marte.

Uno tiene forma de pera y cabe en la palma de la mano, pero otro es del tamaño de una pequeña ventana, se presenta en rodajas, exponiendo chispeantes cristales de peridoto y olivino.

“Cada vez que alguien, por primera vez, tiene una obra abstracta de arte del espacio exterior hecha de hierro, tan vieja como un tercio del tiempo mismo, es un momento cautivador”, asegura James Hyslop, especialista de Christie’s que organizó la venta. “Aún así, para mí, es una experiencia emocionante”.

Los meteoritos son lo que queda cuando un cometa, un asteroide o un meteoro sobrevive a su paso a través de la atmósfera terrestre. Su inmenso atractivo para los coleccionistas es triple, dice Hyslop.

“Uno, son increíblemente raros. Dos, son muy hermosos, y tres, hay ese maravilloso enigma filosófico sobre ellos. No vienen de este mundo, son obras de arte extraterrestres y a la vez mundanas”, afirma.

Desde un punto de vista científico, junto con la rareza, que explica el precio más alto de los especímenes lunares y marcianos, es la inmensa edad de los meteoritos lo que atrae a los coleccionistas.

Un lote, un espécimen grande encontrado en México, es un meteorito carbonítico de condrita, explica Hyslop.

“Es literalmente el material más viejo que la mano del hombre puede sostener y tocar”.

“Tiene 4.560 millones de años, un número tan asombrosamente grande que casi pierde todo significado. La forma en que he empezado a pensarlo es que el objeto es casi tan viejo como el tiempo mismo, lo que es realmente muy profundo”, afirma.